Para mantener el hidrógeno líquido a una temperatura muy baja, en 1892 hizo un recipiente aislante: el vaso Dewar. Es un frasco diseñado con dos paredes de vidrio separadas por el vacío. El vacío permite reducir en gran medida cualquier transferencia de calor con el entorno exterior, ya sea por movimiento, conducción o convección. Para prevenir la radiación Para que el termo sea más duradero, Sir James Dewar ha añadido plata como revestimiento metálico. El jarrón de Dewar se sigue utilizando para almacenar nitrógeno líquido en los laboratorios, ya que su rendimiento evita que las farmacias tengan que instalar costosos equipos de refrigeración.